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Desafíos y eficiencia en la industria de los frutos secos

La producción de frutos secos en Mendoza atraviesa una etapa de reconfiguración marcada por la caída de los precios internacionales, el impacto logístico de los conflictos en Medio Oriente y la necesidad de una gestión técnica rigurosa para sostener la rentabilidad.

La cosecha actual de nueces proyecta un volumen de entre 15 y 16 millones de kilos, aunque la calidad se vio afectada por heladas tardías en octubre y granizadas a principios de año que dañaron el aspecto comercial del fruto. El escenario exportador enfrenta complicaciones adicionales debido a las tensiones bélicas en destinos clave como Arabia Saudita y Líbano, lo que ha elevado los costos de flete hasta representar casi un tercio de los gastos totales. Esta situación se suma a un ajuste en los valores de mercado, donde el precio de la nuez en finca descendió de los cuatro dólares históricos a un promedio actual de entre 2,50 y 2,70 dólares, obligando a los productores a maximizar la productividad para compensar los menores márgenes.

En contraste con la saturación de otros mercados, el pistacho surge como una promesa con 1.200 hectáreas cultivadas en la provincia y un alto interés inversor gracias a sus cotizaciones internacionales favorables, especialmente en la zona sur por sus condiciones climáticas. Por otro lado, la almendra sigue sin cubrir la demanda interna, lo que obliga a realizar importaciones anuales para el abastecimiento local. Ante este panorama, los especialistas del sector enfatizan que el éxito de los nuevos proyectos depende de una planificación profesional basada en estudios de suelo y asesoramiento técnico, ya que la eficiencia operativa se ha vuelto el factor determinante para la supervivencia del negocio frente a los crecientes costos de producción.

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