Amigos que no tanto

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Hay amigos que escuchan, y va más allá de mirarte cuando estás hablando porque además, se les nota en los ojos; hay otros que no tanto: te ven mover los labios mientras piensan en comida, en alguna deuda, en el capítulo de la serie, en el auto mal estacionado.

Hay amigos que se interesan por tu pasado, por tu futuro y lo más importante: tu presente, son los que te generan importancia, ganas de saber de ellos, te brindan esperanza de que van a seguir estando; hay otros que no tanto: te preguntas si se preguntarán en qué país estás viviendo.

Hay amigos de todos los días o que ves de vez en cuando, pero que igual son de todos los días; hay otros que no tanto: la última vez que supiste el de ellos, la tos no era vista como un arma de destrucción masiva, o tal vez incluso más lejos, puede que tuvieras más pelo en la cabeza (o con menos canas).

Hay amigos que quieren repetir la cena, el cafesito, el chop de cerveza; hay otros que no tanto: están ansiosos de un almuerzo, de un cortado mediano, de una copa de vino… pero con otra persona.

Hay amigos que mandan mensajes, mails, chistes y fotos; hay otros que no tanto: no tienen tu número de celular o –si lo tienen–, está agendado sin el “4” después del “0”.

Hay amigos que son parte de tu vida que te hacen sentir el valor de la amistad, del cariño de siempre; hay otros que no tanto: son parte de tu historia que te hacen recordar lo que alguna vez fuiste o quisiste ser y no pudiste, y por eso también sos parte de su historia.

Hay amigos que son de fierro o de algún metal valioso; hay otros que no tanto: se vuelan con el viento, se desasen sin razones y tal vez para ellos también seas de metal, pero alguno muy pesado.

Hay amigos que vale la pena que sean amigos; hay otros que simplemente, no tanto.

 

 

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