Roly Serrano: “He sido un niño muy violentado, muy golpeado”

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“No es tan importante un famoso en la televisión, y sí lo es un enfermero, que todos los días se levanta y pone en riesgo su vida para cuidar la tuya”, asegura Roly Serrano, que atraviesa la cuarentena con la conciencia de quien tuvo una vida llena de aprendizajes. “Hoy en día te das cuenta de que, en realidad, lo esencial está cerca de tus manos”, reflexiona.

Con una infancia atravesada por la violencia de sus tíos, una adolescencia vivida en la calle y una madre a quien pudo conocer recién de adulto, Roly entiende el éxito personal como la capacidad de modificar su propia historia. “Poder cambiar si algo nos parece injusto y mejorar”, dice.

En plena pandemia, es uno de los artistas que encontró la manera de reinventarse y subirse a un escenario virtual, acompañado por un elenco de seis actores que salen en vivo desde tres países distintos. Así, con la dirección de Kris Niklison, y junto a Romina Gaetani y Daniel Aráoz, entre otros, todos los jueves a las 22 le dan vida a Cajas Chinas, una nueva experiencia de cine teatro, con entradas disponibles en Ticketek.

—Tuviste una historia con momentos muy pesados, muy difíciles; imagino que deja un aprendizaje.

—Sí, pero a veces, de acuerdo a cómo nos está yendo, nos olvidamos. Pasé una vida muy dura, después me empezó a ir muy bien, y me daba cuenta de que en algunos momentos me olvidaba, y era normal estar bien. Hay cosas que uno no se tiene que olvidar. Está bien disfrutar lo que la vida te va regalando y te va dando, gracias a vos y a la gente que te ayuda, pero estos momentos que estamos viviendo te hacen revalorizar un montón de cosas. No sos solo un tipo individual que anda flotando por ahí; es una sociedad que depende de todos.

—¿Cómo se vive ese contraste entre una niñez muy difícil, con situaciones de violencia, de calle, y un presente con una realidad muy alejada de aquella? ¿La historia deja su huella?

—Lo bueno es que esa huella te sirva como aprendizaje para tratar de no equivocarte en el futuro. Hablemos de la violencia, de violencia de género. He sido un niño muy violentado, muy golpeado. Se supone que, psicológicamente, tendría que repetir mi historia y ser un adulto violento, pero de pronto pude modificar todo eso. La idea sería poder cambiar si algo nos parece injusto y mejorar. Quizás ese sea el verdadero éxito personal, y no tener dinero o ser famoso. Aprendí que pasa por otro lado.

—¿Aprendiste que en la no repetición, está el éxito?

—Por lo menos, en la modificación. Ayer justamente estábamos hablando con amigos por Zoom sobre cuáles eran nuestros héroes, de Batman, de Superman. En un momento dije una cosa que pareció muy graciosa: “¡No puedo considerar héroe a ningún pelotudo que se ponga el calzoncillo arriba del pantalón!” (risas). Cuando era niño, mi verdadero héroe era mi papá. ¡Qué loca es la vida! Cuando uno considera héroe a alguien, se le quiere parecer. A medida que fue pasando el tiempo, más he querido separarme de lo que era mi viejo, ser yo mismo y ser otro. Tomar las virtudes, que me parecieron extraordinarias, y correr otras cosas que no estaban buenas de papá, limpiarlas para mejorar.

—En alguna oportunidad mencionaste la importancia de la actuación en tu vida, así como de la militancia pero también del servicio militar, como recorridos para encaminarte.

—El servicio militar, personalmente, me ha significado mucho. De la misma manera que a mí me ayudó, a mucha gente también perjudicó.

—¿Cuál fue tu vivencia particular?

—Un niño libre, a los 13 años, en la calle, es muy permeable a que le pasen cosas. Si tenés necesidad de elegir entre ir a tomar lo que no te pertenece o romperte la cabeza tratando de sobrevivir con tu trabajo… Son elecciones que uno va haciendo en la vida. El servicio militar me ordenó como persona. Era tremendamente rebelde. Toda mi niñez me dijeron cómo tenía que ser, cómo tenía que respirar, y de pronto estaba en la calle, donde nadie me podía decir absolutamente nada. ¿Quién me ponía los límites? El servicio militar fue ese límite en el que empecé a descubrir algunas cosas y me di cuenta de que mi libertad termina donde empieza la del otro. Siempre que me ha tocado vivir algo, tomé la ganancia de eso.

—Y luego vino la profesión.

—Mi profesión me ayudó mucho a crecer como persona. Buscar en el interior dónde está eso que uno quiere crear y después ponerlo afuera y darle forma. Creás un personaje bueno, malo, las características que quieras darle, pero está dentro de uno, no hacés la morisqueta. Encontrar ese ser en uno es una especie de terapia de resiliencia.

—¿Cómo está el Roly político?

—(Risas) Como de costumbre: no puedo dejar de dar mi opinión, incluso en cada cosa que digo. ¡La vida es política! Cuando me decían: “¿Por qué metés en política?”, “No es meterme en política, la vida es política”. La sociedad depende de eso. Quizás no tenga que ver con un cargo en un gobierno, sino con vivir políticamente.

—La militancia ha sido muy importante en tu vida.

—Importantísima, toda mi vida está signada por eso. Militaba mucho cuando era jovencito en la Federación Comunista y venía caminando con un amigo peronista, charlando. Eramos miembros de la Comisión Juvenil de Actores, y de pronto, por calle Callao viene un señor y me pide plata: “¿No tenés plata?”. “No, no tengo”.

—¿Tu amigo le dio?

—Mi amigo le dio, y le pregunté: “¿Por qué le diste”. “¿Vos tenías?”, me dice. “Sí”. “¿Y por qué no le diste?”. “Yo quiero cambiar el mundo, loco, quiero que nadie necesite pedir, quiero vivir en una sociedad más justa. ¿Vos por qué le diste?”. “Porque si no le doy hoy, para cuando vos cambies la sociedad, va a estar muerto”. Ahí hice un cambio de cabeza. Hay tantas cosas que hacer hoy acá, ya, en este instante. Eso es política. Ser consecuente con lo que uno piensa, que no quiere decir que el que no piensa como yo es mi enemigo. Al contrario: tenemos que aprender a convivir. Odio esta cuestión de la famosa grieta, del constante ataque al otro.

—¿Qué imaginás que hubiera pasado si Macri hubiese sido presidente durante esta pandemia?

—No puedo hacer futurismo, no puedo pensar qué hubiera pasado. Sé que lo que hizo, cuando lo hizo, no estuvo bien. Me acuerdo una política con respecto a la salud que no fue buena. Fue muy devastadora, tremenda. Hoy estamos sufriendo esas consecuencias. No sé qué hubiera hecho. En una de esas se le prendía la lamparita y se transformaba, y ayudaba a que la sociedad no sufriera tanto.

—Cuando lo escuchás a Alberto Fernández, ¿te resulta tranquilizador?

—Admiro la capacidad que tiene de centrarse en el trabajo que está haciendo. Más allá de si él me parece tranquilizador o no, veo que está tratando de salvar nuestras vidas. Es tranquilizador que no se ponga en guerra con nadie y que trate de acomodar lo que estamos viviendo. Se tendrían que sumar absolutamente todos. Con críticas, con lo que quieras, pero sumarse a esto que necesitamos, como sociedad, tratar de solventarlo, de sobrevivir.

—¿Cómo está el amor en cuarentena?

—¡Qué sé yo! Bien. Uno descubre en estos momentos que hay amigos que demuestran que son amigos. La familia también: te dice “Te quiero” y lo demuestra. Eso para mí es amor. Mi hijo, en Barcelona, sano, disfrutando de su trabajo. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?

 

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